«En la arquitectura corporativa contemporánea, los espacios suelen ser estáticos mientras que las mentes de quienes los habitan están en constante, y a veces agotador, movimiento. Mi obra busca cerrar esta brecha.
A diferencia del arte cinético tradicional, mis instalaciones no dependen de motores, ruido o programación. El protagonista absoluto es el observador. Basadas en el efecto Moiré —la interferencia visual de tramas superpuestas— mis piezas cobran vida al ritmo de los pasos de quien las recorre.
Este enfoque trasciende la decoración. Es una aplicación práctica de la neuroestética: al darle al empleado el control sobre el estímulo visual, generamos micro-pausas de fascinación que reducen el cortisol y recargan la atención cognitiva. Mi objetivo es humanizar los entornos de alto rendimiento, creando hitos visuales que no solo proyectan innovación hacia el cliente, sino que cuidan el activo más valioso de la empresa: el bienestar y la conexión de su equipo.»
El movimiento siempre estuvo ahí
Felix Magaldi es un artista visual argentino cuya obra explora la intersección entre el arte cinético, el op art y el efecto moiré, creando piezas que no se miran: se habitan. Su propuesta actual conjuga años de experimentación en medios tradicionales y digitales con una búsqueda estética centrada en el movimiento, la vibración óptica y la transformación del espacio.
Pero esta vuelta al arte cinético tiene una historia que comienza mucho antes de lo que parece.
En 1972, con apenas 12 años, Felix visitó el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires con su colegio. Allí, frente a una obra de Jesús Rafael Soto —un plano blanco con rayas negras horizontales y, suspendidos delante, alambres negros que al moverse con el aire generaban un hipnótico efecto moiré— algo se encendió. Esa experiencia marcó su sensibilidad artística de forma indeleble, aunque pasarían décadas antes de que pudiera traducirla en su trabajo.

A lo largo de su trayectoria, Felix transitó por el expresionismo abstracto, el arte concreto y la abstracción figurativa, siempre con el color y la forma como herramientas de impacto sensorial. Desarrolló experiencia tanto en pintura tradicional y aerografía como en medios digitales, explorando la interconexión universal a través de composiciones vibrantes donde los tonos se entrelazan y fluyen.
Sin embargo, esos primeros intentos de arte cinético y op art que quedaron como experimentos aislados siempre estuvieron latentes. A partir de 2025, Felix retomó esa esencia fundacional y comenzó a experimentar con grillas de rayas verticales y efecto moiré, encontrando finalmente la conjunción coherente con su sentir más íntimo.
Hoy, su propuesta artística va más allá de lo decorativo. Felix concibe el arte como una herramienta capaz de transformar ambientes y estimular la creatividad, especialmente en espacios de trabajo. Sus piezas cinéticas —formatos estandarizados con opción de personalización en colores y branding— están pensadas para empresas que buscan crear entornos que inspiren, conecten y potencien el bienestar de sus equipos.
«Mis obras son una expresión visual de la interconexión universal. Cada pieza retrata la danza armónica entre lo visible y lo invisible, donde el movimiento y la luz generan una experiencia sensorial que invita a detenerse, observar y reconectar.»